CyberDodo y el mantenimiento de las ciudades (1-41)

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Las estadísticas indican que más de la mitad de la población humana del mundo vive en ciudades. Concretamente, esta creciente concentración produce cada vez más residuos difíciles de recolectar y de administrar para el cuidado del planeta y el respeto de sus habitantes y las generaciones futuras.

¿Cómo ocurrió esto?

Durante milenios los seres humanos y sus actividades no produjeron ningún impacto sobre el medio ambiente. Nuestros antepasados no eran muy numerosos y su modo de vida rural estaba en perfecta armonía con la naturaleza. En términos actuales, podemos decir que su balance de carbono era neutro.

La influencia de la especie humana fue creciendo con su evolución: a medida que el hombre mejoró sus técnicas (cosecha, caza, pesca, ganadería, cultura, etc.), utilizó cada vez más el medio ambiente.

Sin embargo, nuestros antepasados practicaron durante generaciones el reciclaje, ya que se negaban a tirar las cosas: todo era reciclado y reutilizado, todo tenía valor y debía durar el mayor tiempo posible.

Resulta difícil determinar con precisión la época en la cual la presencia del hombre en la Tierra dejó de ser "neutra" para otras especies vivas y el planeta; con certeza, esto puedo haber ocurrido en el transcurso de los siglos XIX y XX...

Los primeros hombres respetaban el medio ambiente

Ahora volvamos al siglo XXI y a su modo de vida destructivo para nuestro bello planeta, que es nuestro único hogar. El objetivo de este documento es concientizar sobre el desafío que presenta la gestión de las montañas de residuos, que millones de ciudadanos producen a diario.

¿De qué estamos hablando?

Para entender mejor el tema, tomemos en cuenta algunas cifras. Se calcula que, por lo general, una familia de 4 personas que vive en un país rico (CyberDodo decidió utilizar los términos "ricos" y "pobres" en sus documentos para estigmatizar el inaceptable abismo que existe entre los que tienen demasiado y los que no tienen nada) produce de 1 a 2 toneladas de residuos por año.

Un cuarto de esta cifra masiva consiste en papel; otro cuarto, en desechos orgánicos; un 15 %, en plástico y la misma proporción, en vidrio; el resto está compuesto de varias clases de desechos, de los cuales algunos son particularmente peligrosos, como pilas y otros residuos.

¿Qué hacer con estos residuos?

Durante años, cuando no se desechaban en el mar, eran simplemente almacenados en basureros a cielo abierto o bajo tierra. Algunos de estos basureros tomaron proporciones gigantescas a través de los años, y contaminaron gravemente las napas freáticas (véase el documento sobre este asunto), que el agua de lluvia que se escurría transportaba sustancias nocivas.

Estos basureros todavía se encuentran activos en numerosos países y presentan un peligro tanto para la generación actual como para la futura. Sin embargo, el creciente aumento de la población y, por ende, del volumen de residuos ha exigido a las autoridades que encuentren una forma de eliminarlos. ¿Qué se debe hacer?

Desde finales del siglo XIX, se han diseñado e implementado incineradores con el fin de quemar una gran parte de los residuos. ¿Es una buena solución? Sin ignorar los progresos indispensables que se han efectuado en este sector, no es "la" solución. No olvidemos que:

1) No existen incineradores "limpios"; incluso los de tecnología más avanzada rechazan sustancias tóxicas.

2) Miles de incineradores en servicio de todo el mundo son extremadamente peligrosos para las poblaciones y el medio ambiente.

3) Incluso un sólo incinerador es un importante contribuyente al calentamiento global.

Los defensores del medio ambiente depositan sus esperanzas en 2 opciones principales :

1) Desarrollo sostenible

En primer lugar, recordemos su definición: "desarrollo sostenible es cubrir las necesidades de la generación actual garantizando a las generaciones futuras el mismo potencial (medio ambiente, recursos, etc.)". Una definición en forma de pregunta podría ser: “¿Podemos imaginar un crecimiento infinito en un planeta que no lo es?”. Evidentemente, no... (Véase el documento sobre el despilfarro de energía relacionado con este tema).

¡La primera opción para que nuestras ciudades puedan administrar sus residuos es simplemente la de producir menos cantidad! Para hacerlo, no tenemos otra solución que comprender que el modo de vida y de consumo de occidente, en primer lugar, debe evolucionar a un impacto ambiental menor y, en segundo lugar, no puede ser adoptado por todos los países del mundo.

Si consumimos menos y mejor, vamos a producir menos residuos y contaminaremos menos. Por lo tanto, es posible lograr grandes avances en numerosas áreas. ¿Quién no se ha indignado al advertir que ciertos productos son más grandes que el objeto que protegen?

2) Reciclaje

En relación directa con el desarrollo sostenible, la norma debería ser la obligación de reciclar la mayor cantidad posible de productos. Ahora sabemos que los recursos naturales no son inagotables y que algunos de ellos están en peligro de extinción (tanto para la fauna y la flora como para las materias primas). Después de ser utilizados (¡responsablemente!), nuestros productos pueden y deberían ser cuidadosamente clasificados, recolectados y reciclados.

Observemos que actualmente existen bolsas biodegradables, pero su creación es sólo una primera etapa: la siguiente que es que cada uno posea una bolsa y que la reutilice durante años...

¡El reciclaje , una obligación, no una elección!

Se debe crear un círculo virtuoso

Las extensas megalópolis que se desarrollan en la superficie de nuestro planeta -la respuesta inadecuada a la sobrepoblación humana, que cree que es un lugar mejor para vivir-, pueden convertirse en un gran laboratorio donde pueda surgir una nueva conciencia para nuestra sociedad.

Estas ciudades -que concentran tantas esperanzas, tantas limitaciones, necesidades, dificultades pero, al mismo tiempo, tanto potencial- se convirtieron en el "país" de la mayoría de nuestros contemporáneos. La sociedad humana evolucionó más en el último siglo que durante toda su historia (por desgracia, no siempre para bien).

Estos cambios requieren la aparición de una nueva sociedad.

Una sociedad en la cual cada miembro entiende que es un actor principal, que el respeto individual que manifestará es determinante para la armonía mundial, que cada una de nuestras acciones tendrá consecuencias tanto inmediatas como futuras, que los que nos seguirán tienen el mismo derecho a disfrutar de los recursos naturales y de un planeta preservado.

¿Está listo para enfrentar el desafío?

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