CyberDodo y la contaminación (1-57)

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Para responder esta pregunta, comenzaremos con el punto B del párrafo sobre el costo de producción de la energía nuclear.

¿Es más rentable construir una planta nuclear o destinar el mismo presupuesto a fuentes de energía renovables y combatir el despilfarro? Además, ¿cómo se puede determinar el costo del riesgo nuclear y de la gestión de sus residuos milenarios? Un sólo accidente puede cambiar nuestra vida para siempre... (¿Qué dirían al respecto los sobrevivientes de Chernóbil?)

La gran mayoría de los ecologistas consideran (como también muchos científicos) que es más conveniente, más eficaz y más seguro reducir nuestras necesidades energéticas mediante la optimización de nuestro estilo de vida, de vivienda, de consumo y transporte, en vez de elegir la enorme inversión financiera requerida por el diseño, la construcción, la gestión y desmantelamiento de una planta nuclear.

No debemos olvidar que la producción de electricidad nuclear no es flexible y que, a cada pico de demanda, hay que recurrir a plantas complementarias que utilizan carburantes fósiles (generalmente, combustible o carbón). De esta manera, queda demostrado que el argumento de que las plantas nucleares no emiten CO2 no es del todo válido.

En otras palabras, ¡la energía más limpia es la que no se consume!

¿Cómo se puede llevar a cabo el desafío de una producción industrial “limpia”?

En primer lugar, incluyendo el asunto en una reflexión global, que comience con la identificación de las necesidades actuales y las diversas maneras de responsabilizarnos por nuestras respectivas huellas medioambientales, es decir, tanto las necesidades energéticas como la contaminación y los residuos reciclables y no reciclables.

¡Sin embargo, la base de toda industria “limpia” es, desde luego, la utilización de métodos de producción que no contaminen! Concretamente, que su proceso de fabricación no deseche nada peligroso en el medioambiente, con un costo aceptable para el consumidor. Por otra parte, ¿cómo se puede definir este costo?

Es una pregunta muy interesante: ¿no debería incluirse en el precio de todo producto todos los gastos relacionados a su ciclo de vida? Es decir, los gastos de su desarrollo y su fabricación (que todas las industrias llevan a cabo), pero también de su recolección y de su reciclaje, e incluso el de su impacto sobre la naturaleza. Por ejemplo, las bolsas de plástico, que requieren petróleo, energía y agua para su fabricación (que emite gases de efecto invernadero y contribuye al calentamiento global), pueden contaminar durante cientos de años, si no son biodegradables.

Se necesitan precios justos para motivar la producción industrial “limpia”.

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¿Existen fábricas “limpias”?

Todo depende del área: por ejemplo, es fácil entender que una planta embotelladora de leche será más limpia que una que produzca sustancias químicas corrosivas y/o contaminantes. Sin embargo, el objetivo de reducir/eliminar la contaminación es aún más importante, ya que los residuos son peligrosos.

Los avances tecnológicos, a los cuales ya hicimos referencia en este documento, actualmente pueden conciliar los “procesos industriales” con el “respeto al medioambiente”. Todo es cuestión de poner a prueba nuestra voluntad con la “asistencia” de reglamentaciones lo suficientemente precisas y vinculantes.

Los países ricos deberían dar el ejemplo y negarse a “delegar” su producción, ya que esto causa la mayor parte de la contaminación en zonas desfavorecidas, donde las exigencias legales son menos exigentes y, por lo tanto, menos costosas.

A modo referencial, en 1998, el químico estadounidense Paul Anastas promulgó 12 principios que debe respetar la Química moderna para merecer el calificativo “verde”. Véase a continuación una versión universal de CyberDodo basada en estos principios:

-¿Por qué invertir dinero en la eliminación de residuos si es mejor evitar su producción?

-Los productos deben estar elaborados de manera tal que se degraden en sustancias no peligrosas para el entorno.

-En el momento del diseño y del desarrollo de los productos, se deben utilizar las sustancias más eficaces y menos tóxicas tanto para el hombre como para el medioambiente.

- La energía necesaria para las industrias afecta la economía y el medioambiente; se debe utilizar lo menos posible.

- Siempre que sea posible, las industrias deben utilizar materias primas renovables.

-Todo proceso de producción debe ser controlado y analizado en tiempo real, con el fin de evitar efectos peligrosos tanto para el hombre como para el medioambiente.

¿Qué tal si todas las industrias deciden aplicarlos?

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© CyberDodo Productions Ltd.

Para muchos, los términos “industria” y “contaminación” están inextricablemente relacionados con la idea de que toda producción industrializada es responsable de los residuos que hay en el medioambiente.

En vista de esta convicción, señalan las degradaciones causadas al medioambiente a un ritmo que crece desde principios de la era industrial (siglo XVIII). De hecho, no caben dudas de que, a medida que fue avanzando la tecnología, también aumentó la contaminación, con consecuencias que tendían a volverse irreversibles desde la segunda mitad del último siglo.

Para entender este ritmo acelerado, esta influencia humana que aumenta cada vez más, basta con mirar la curva de emisión de CO2 (dióxido de carbono, gas producido en particular por la combustión de energías fósiles).

Esta curva aterradora tiene un crecimiento exponencial, aún cuando sabemos que ningún crecimiento exponencial es posible a largo plazo, y con más razón cuando hablamos de contaminación. El término “contaminación” es crucial y hace referencia a diversos elementos. Este gráfico representa sólo las emisiones de CO2, ya que el tema de este documento es el impacto de la industria sobre el medioambiente en su sentido amplio.

¿Qué industrias producen la mayor parte de la contaminación?

Podemos distinguir principalmente 2: la industria química y la de la producción de energía.

1) Industrias de producción de energía
Como hemos visto, la era industrial comenzó en el siglo XVIII y exigió cada vez más energía para sobrellevar su desarrollo, que creció por los avances de la tecnología y el crecimiento de la población mundial. ¿Cómo producían esta energía? El hombre recurrió al carbón, al petróleo y al gas, lo cual trajo aparejado la contaminación del aire, del agua y del suelo.

Durante los siglos XVIII y XIX, los primeros contaminantes atmosféricos eran visibles en el cielo de las grandes ciudades “gracias” al carbón, que pronto fue unido al petróleo, que también contaminó el agua y el suelo. Por otra parte, es imposible llevar a cabo la explotación industrial del petróleo sin causar graves catástrofes ecológicas a intervalos. (Véase también el documento de CyberDodo sobre el petróleo).

¿Y la electricidad nuclear?

Los partidarios de la energía de origen nuclear se valen de un gran argumento: “No produce CO2 y no contribuye al calentamiento global”. Según ellos, ésta es “la” mejor solución, ya que asegura un abastecimiento sustentable de energía y combate el calentamiento global.

La energía nuclear = ¿Infinitamente más problemas que soluciones?

Sin entrar en detalles de la construcción y de la vida de una planta de energía nuclear que –contrariamente a la visión incompleta de cómo funcionan su reactor o reactores– produce cantidades significativas de CO2, basta con destacar 2 aspectos para reducir ampliamente las supuestas “ventajas” de la energía nuclear:

A) Residuos: nadie tiene derecho a legar a las generaciones futuras la responsabilidad de administrar residuos que seguirán siendo mortales durante miles –incluso millones– de años. ¿Quién podría justificar que, para asegurar nuestra comodidad actual, debamos poner en peligro a las generaciones futuras, que no nos han pedido nada?

b) Presupuesto: véase la página 2 de este documento.

2) Industrias químicas
Las industrias químicas son responsables tanto de las diversas clases de contaminación como de las millones de sustancias producidas o tratadas por ellas. Esto demuestra que todavía existen algunas áreas de la “genialidad” humana, donde los “avances” tecnológicos no han tenido impacto.

¿Impacto positivo?

Para muchas, ciertamente... pero tal vez para más, la respuesta sea negativa. El hombre manipuló, modificó y creó productos de los cuales no se puede garantizar su seguridad, ya que el ritmo de desarrollo supera ampliamente las capacidades de control de las autoridades que teóricamente están a cargo de su homologación. Además, en la naturaleza –en especial en nuestros residuos– se encuentran sustancias cuyos efectos a largo plazo son desconocidos o potencialmente mortales.

Este no es el único problema con las industrias químicas, ya que el funcionamiento de las unidades de producción ocasiona residuos no admisibles en una gran proporción de ellas (efluentes líquidos en ríos y mares; humos de fábricas que contienen gases de efecto invernadero y otros contaminantes de la atmósfera y el suelo; metales pesados, entre otros).

Esparcimos en el medioambiente millones de toneladas de sustancias ignorando su verdadero impacto a corto, medio y largo plazo.

Las industrias son en gran parte responsables de la contaminación, ¿pero sería posible que funcionaran de otra manera?

 

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