CyberDodo y los plaguicidas (1-51)

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En primer lugar, echemos un vistazo al origen de la palabra “plaguicida”: peste (del latín “pestis”), que denomina algo perjudicial y cide (del latín “cadere”), que significa “matar”. Por lo tanto, se utilizan para eliminar amenazas graves, ¿pero de qué estamos hablando exactamente?

Desde que los primeros hombres comenzaron a interesarse por la agricultura, han estado confrontados con numerosas dificultades para llevar a cabo sus cosechas, en particular por los insectos, las setas, las plantas invasivas, etcétera.

Los plaguicidas se originaron por la necesidad vital de nuestros antepasados de protegerse contra las pestes que atacaban sus cultivos dejándolos en riesgo de perder sus alimentos.

Está necesidad era totalmente legítima, más aún si se toma en cuenta la delgada huella ambiental que la humanidad tenía entonces.

¿Qué es un plaguicida?

En relación directa con el párrafo anterior, denominamos “plaguicida” a toda sustancia que se utiliza en una cultura para combatir plagas. Este término abarca los insecticidas, herbicidas, parasiticidas y fungicidas.

Existen más de 100.000 plaguicidas en venta

¿Cómo evolucionó el uso de los plaguicidas?

El uso de los plaguicidas fue cambiando a medida que surgieron nuevos descubrimientos y como resultado de lo que generalmente se conoce como “evolución”. El hombre enriqueció sus conocimientos de generación en generación y aumentó los medios que tenía a su disposición para luchar contra sus enemigos.

Más adelante veremos que no hemos empleado el término “enemigos” por casualidad.

Hace varios miles de años, el hombre ya conocía el uso del arsénico y el azufre, y luego fue agregando a este arsenal otras sustancias, todas de origen natural.

Pero el gran cambio en el uso de plaguicidas se produjo a principios del siglo XX, con las investigaciones sobre armas químicas para la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La Química hizo posible la sintetización de moléculas y la creación de compuestos sin recurrir a los recursos naturales.

A partir de ese momento y con la ayuda de esa nueva ciencia, se desarrollaron constantemente nuevos plaguicidas, hasta que la temible cifra se elevó a 100.000 productos comerciales vendidos y sobre todo diseminados en todo el mundo con consecuencias potencialmente dramáticas.

¡Es imposible responder que no lo son!

Si bien la utilización razonable de una cantidad adecuada de productos muy específicos es justificable, es de vital importancia y urgencia la detención de la diseminación incontrolada de decenas de miles de sustancias químicas en la naturaleza.

¿Por qué?

¡Porque los plaguicidas se encuentran por todas partes y se acumulan cada vez que son utilizados! Se encuentran en el agua, el aire, el suelo, las plantas, los animales y, finalmente, en los seres humanos. Afectan gravemente a todos los niveles que componen la escala de la vida, por ejemplo:

-La tierra y el agua se ven afectadas por una contaminación duradera.
-Los parásitos han desarrollado una inquietante resistencia, que obliga a aumentar las dosis o a utilizar sustancias cada vez más potentes.
-Los animales son los más afectados por la contaminación constante de su medio.
-Los seres humanos pueden sufrir de malformaciones fetales, retrasos en el desarrollo, abortos, disminución de la fertilidad, enfermedades tales como alergias y cáncer, debilitamiento del sistema inmunitario, etcétera.

Es indispensable saber que los plaguicidas esparcidos en la naturaleza permanecen allí por mucho tiempo y que su uso totalmente exagerado creó un fenómeno denominado “bioacumulación”.

La bioacumulación es especialmente peligrosa para los consumidores finales de la cadena alimentaria. ¿Cómo sucede eso? Cuando se aplica un plaguicida, éste contamina el agua de los alrededores; allí se encuentran microorganismos que a su vez también se contaminan. Los peces que viven en esa agua contaminada los comen; luego, son pescados y acaban en nuestros platos.

Esta cadena alimentaria resumida (en realidad, es más larga) muestra cómo las cantidades de plaguicida se concentran en cada etapa y aumentan los niveles de contaminación en el consumidor final.

¿Se puede decir que un plaguicida es un “arma” inadecuada ?

¿Por qué utilizamos la terrible palabra “arma”? ¡Simplemente porque una parte considerable de los productos esparcidos en nuestros campos es de origen militar! Además, denominarlos “armas” es incorrecto (y, de todos modos, no tiene sentido), ya que más del 90% del tratamiento no resulta perjudicial para la “peste” contra la cual es utilizado.

La Tierra está siendo continuamente contaminada por los plaguicidas.

¿La solución sería utilizar productos nuevos menos peligrosos?

La solución consiste en 2 palabras: “agricultura sostenible” o, en otras palabras, en cultivar sin agotar o destruir el entorno, ya que las generaciones futuras también necesitarán comer.

El uso intenso y exagerado de los plaguicidas, a los cuales recurren demasiados países, contribuye a la contaminación, a la pérdida de la biodiversidad y a la selección de un número mucho más reducido de especies cultivadas; además, no olvidemos que afecta gravemente la salud de los seres humanos.

Antes de finalizar, recordemos que la naturaleza todavía conserva rastros de DDT (un insecticida ampliamente utilizado desde la década de 1940 hasta los años 70/80) en países donde ha estado prohibido durante décadas.

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